• Aldo Muñoz Castro

Coco

Actualizado: 19 jul 2018

Este artículo tiene una dedicatoria especial, para alguien que le gusto mucho esta película y toca no solo el tema de la muerte, sino del amor (A.R.G.M).


Está de más hablar sobre la capacidad de Pixar para lograr tocar las emociones de las personas. Su trabajo a través de los años ha hecho evidente que saben llegarle al público porque aprovecharon un nicho donde las emociones se vale vivirlas, en la infancia. En nuestra cultura, solo a los niños se les da una abierta posibilidad de vivir las emociones porque "son niños y están aprendiendo”. Aunque este aprendizaje tenga que ver con la idea de controlar y no ser “dominados por las emociones” que, por cierto, es una mentira. Lo deseable es aprender a vivir esas emociones, como aparecen, conectarlas con los pensamientos y que todo ello junto nos permita tener claridad para tomar camino.


Coco (2017) es una película de Disney bajo la co-dirección de Lee Unkrich y Adrian Molina. Es especial para nosotros los mexicanos porque la historia sucede en nuestro país y, además, la historia toca una parte muy significativa para nosotros, el día de muertos. El folclor de nuestra forma de vivir la muerte es innegable y muy atractiva por su colorido; no me sorprende, es más, pienso que tardaron en aprovechar esto en una película infantil. Sin embargo, el filme no es solo sobre la muerte, toca indudablemente otra cosa que nos caracteriza ante el mundo, la familia y la forma en la que la vivimos dentro de ella.


"Lo deseable es aprender a vivir esas emociones, como aparecen, conectarlas con los pensamientos y que todo ello junto nos permita tener claridad para tomar camino."

La Historia

Miguel es un pequeño niño que lleva su vida en su núcleo familiar donde el peso de la familia esta en las mujeres (matriarcado). No se si fue intencional esto o no, pero es un buen reflejo de lo que ha existido también en las configuraciones familiares de nuestro país. La persona más grande de esta familia es mamá Coco, la bisabuela de Miguel, quien por su edad (supongo) y el tiempo, su vida se va llenando de olvido. Es una de las maneras en que la muerte se manifiesta. Muy socorrido en el amor porque es el camino para desprendernos de alguien que amamos y que ya no está con nosotros. Por tanto, es muy doloroso, e indeseable, el olvidar a alguien amado. Es la razón de porque en el amor se busca la constante presencia del otro, sentir que ese amor existe, está en alguien y ese alguien nos corresponde.


Solo que, en mi opinión, muy frecuentemente, se confunde el amor, con la dificultad para tener presente, en nuestras cabezas, la relaciones que tenemos con el mundo. Para algunas personas, si no ven al ser amado verdaderamente sienten que ese afecto se perdió o jamás existió; lo que explica la constante búsqueda del otro. Frecuentemente se provoca justo el resultado contrario de lo que se busca. Si constantemente alguien necesita de nuestra presencia, llega un punto donde podemos sentirnos asfixiados o ahogados. Esto mismo explica lo angustiante que puede ser para un infante cuando no ve a sus padres. En los pequeños aún no se desarrolla esta capacidad de saber que las personas, y las relaciones con ellas, son una constante que no se pierde, aunque la persona objeto de afecto esté ausente.

Miguel tiene una relación profunda con mamá Coco, aunque el mismo acepta que a veces no lo reconoce u olvida su nombre. Miguel disfruta de su relación con ella. Ese enriquecedor vínculo de los abuelos (o bisabuelo) y los niños es de lo más hermoso en el mundo, o al menos así tuve el gusto de vivirlo con mis abuelas Chabela (sobre todo) y María. Además, en la vida de Miguel está su abuela, quien es la que está al frente de esta familia y lo hace con un carácter férreo. El negocio familiar es la zapatería, tradición que buscan perpetuar, sin embargo, Miguel tiene otra pasión, la música. En su familia esta prohibida debido a una situación que no se habla, un secreto.


Los secretos de familia son parte de una piedra pesada que es frecuente que se cargue en las familias mexicanas. Son, además, una deformada cimentación en la cual se construye la vida de sus integrantes. Asuntos no resueltos que se arrastran y marcan a los miembros a través del tiempo. Una vez más, en este punto, la invitación es a romper el silencio. Siempre lo repito: “Todo lo que guardamos y nos lastima, termina lastimándonos más”. No es fácil romper con un secreto porque tiene una infraestructura compleja, como la enredada red de tuberías debajo de un edificio. Los secretos demandan, acorrala y exigen una dolorosa lealtad.


En el caso de Miguel, la música se prohíbe debido al papá de mamá Coco. Un músico que simplemente un día se fue y no regreso con su familia. Eso lastimó mucho a Imelda, la mamá de mamá Coco. Como consecuencia, el padre de mamá Coco está desterrado y puesto en el olvido dentro de la familia. Hablamos de la muerte. Curiosamente, en el contexto de la película se aproxima los primeros días de noviembre, cuando los que están en el más allá, les dan permiso para visitar a los del más acá. En las imágenes podemos ver la siempre impresionante y hermosa ofrenda de día de muertos. Un espacio que se crea para recordar a los ausentes, decorado con colorido (y mucha flor de cempasúchil), con fotos de sus miembros y con mucha comida. La comida es importante porque en México los días 1 y 2 de noviembre la forma en que recibimos a nuestros difuntos es nada menos que como se merecen, con sus platillos favoritos.


Las fotos son también importantes, son las imágenes que nos ayudan a ponerle rostro a esa persona que ya no está y que, por el juego del olvido, corremos el riesgo de ya no recordar. En la ofrenda de Miguel se recuerdan a todos los miembros de su familia, aunque en la foto de mamá Imelda y mamá Coco (de niña), donde está el rostro de su papá, la foto está rota. Es la búsqueda del olvido, un olvido que viene con enojo, que mejor que no ver el rostro del ser amado que nos rompió el corazón para poder negar su existencia y olvidarlo. Esto explica el pesado secreto familiar presente en la familia, el peso es por el amor que una vez existió y que ahora es odio. La música no se escucha, ni se vive, por el papá de mamá Coco, porque traicionó a Imelda y, por tanto, traicionó a toda la familia. En México si dañas a un miembro de la familia, dañas a todos, por eso todo lo relacionado con la música está prohibido en la familia de Miguel.


Es siempre peligroso el peso del pasado, permitir que, por lo que hizo alguien, los demás lo carguen, nos quita libertad y movilidad en la vida. Es algo que, a su corta edad, está restringiendo a Miguel. Tiene el deseo de participar en un concurso de música, pero no lo dejan. Miguel solo pretende seguir los pasos de su ídolo musical el gran Ernesto de la Cruz, un artista admirado e inolvidable para su pueblo. Su presencia es la viva imagen del eterno ídolo, e inmortal, Pedro Infante. Sí, así lo describimos en México, como el inmortal Pedro Infante. Curiosamente, lo que lo hizo leyenda fue su trágica muerte. Así es la vida, en la vida hay muerte como en la muerte hay vida. Aunque, cabe mencionar, la historia de vida del ídolo no es igual a la que se narra en la película para el personaje Ernesto de la Cruz.


En pleno día de muertos, en su búsqueda de una guitarra prestada para poder participar en el concurso, Miguel se le ocurre la forma de conseguir una. En la tumba de su ídolo, Ernesto de la Cruz, está una hermosa guitarra con la que componía su música. Miguel se aproxima a ella, la toma y la magia inicia. El haber tocado la guitarra abre el mundo de los muertos para Miguel, lo que en las culturas prehispánicas sería el Mictlán. La imagen de las flores de cempasúchil convirtiéndose en puentes por donde se trasladan los muertos a la tierra de los vivos es, no menos que hermosa. Para mí esa imagen en automático ha quedado en el imaginario de nuestra cultura, aunque sea derivado una película extranjera, lo que no importa, porque nadie es dueño de la muerte, aunque la muerte es dueña de todos nosotros. También me pareció hermoso la forma en cómo presentaron (dibujaron) a los personajes difuntos, que también pienso, trascenderá en nuestra cultura.


De este punto comenzamos con el viaje de fantasía sobre este personaje inseguro y con una necesidad fuerte de ir al mundo de los vivos, Héctor. Vive la otra muerte, la muerte que los muertos tienen para la visión de Pixar. Como nadie pone su foto en una ofrenda, no tiene acceso al mundo de los vivos. La cinta muestra que cuando nadie en la tierra te recuerda, desapareces del mundo de los muertos, el olvido es una forma fulminante de morir. Esta idea en la película me causo impacto por la implicación. Parece que, sin querer, la gente de Disney Pixar, captaron algo que también esta presente en las familias mexicanas.


Algo que caracteriza a la familia mexicana tiene que ver con la unidad de la misma, su amalgamamiento, su tendencia a ser “muéganos”. Ello implica algo que sucede muy frecuentemente, la dinámica del cuidador. En las familias mexicanas es frecuente que alguien cargue a los miembros que lo necesitan, el ejemplo de esto en la película es la abuela de Miguel. Frecuentemente quien carga no se cuida así mismo, se sacrifica. Quienes son cargados, a la vez, como se les carga, fomenta la poca responsabilidad de ellos para con sus vidas, es la ausencia del sentido de autocuidado. En la película se plantea esto en la ofrenda, las fotos de todos los miembros deben de estar porque no se debe olvidar a nadie, otra forma de cargar a la familia. Quizá Disney Pixar no lo pensó (o no lo sabían), pero en las familias mexicanas de antes, de más de diez hijos, veinte nietos y muchos bisnietos, sería una proeza hacer un altar de día de muertos con tantas fotos y comida.


El cargar tiene un costo alto para las personas que lo hacen, limita sus vidas, no los deja crecer, los desgasta. En las familias mexicanas todos jalan al parejo, a nadie se le puede dejar. ¿Qué tan valido es esto? Para mí, nadie puede cargar a nadie en la vida sin un alto costo para alguno de los dos (el cargador y el cargado). Es difícil esto, pero es necesario aprender que los únicos responsable de nuestras vidas somos nosotros, es algo que falta enseñar más. Amar, no significa necesariamente sacrificar y, no sacrificarse, no significa falta de amor. Esto también aplica para los muertos.


Tampoco es sano querer cargar a los muertos, no comparto en este punto la visión de Disney en la película. El olvido no es malo, es parte de la vida. La gente en sus deseos narcisistas, muchas veces, quieren que su “legado” trascienda las generaciones. Es crear una loza pesada para sus descendientes porque sus vidas se rigen con base a cuidar ese legado, de alguien que ya no esta y ya no le importa lo que pase con lo que hizo. Aprender a recibir la muerte en vida, no es algo sencillo, pero es liberador cuando se logra. Dejar que el sofá de la abuela, que amábamos, se vaya a la basura, nos libera de eso, de basura. Lo importante no es el sofá, lo verdaderamente valioso es que se compartió momentos con ella estando sentados en él. Dejar morir una empresa o negocio que no funcionó, nos deja libre para retomar nuestro camino. La muerte y el olvido nos ayudan a vivir. Lo importante de los recuerdos es que son los testigos de que el amor que tuvimos hacia alguien sucedió y fue real.


Claro que no es grato dejar morir en nuestra mente, por el olvido, a los ausentes, porque el recuerdo es lo que nos queda de ellos cuando se van. Por desgracia ese es el costo de la muerte y del olvido. La vida nos da en unas cosas y nos quita en otras. Sin embargo, el amor es lo que mantiene vivo a las personas que ya no están, de eso hoy en día la vida me lo ha dejado sumamente claro. Sea porque murieron o se fueron de nuestra vida, el amor que les dimos y nos dieron, nos da para seguir adelante. Ese es el punto importante, no es solo quedarnos con el dolor que nos deja la partida de alguien, es también rescatar el amor que nos dieron. Eso es lo que mueve a Héctor en su frenético deseo de ir a visitar el mundo de los vivos.


Miguel y Héctor se conocen. Miguel pide ayuda a Héctor para poder ir con quien cree que es su tatarabuelo, Ernesto de la Cruz, porque no puede regresar al mundo de los vivos hasta que no resuelva un asunto pendiente. Claro, ya tuvo la oportunidad de toparse con toda su familia y andan tras de él. Para Héctor es la oportunidad para que alguien ponga su foto en una ofrenda y, cómo conoce a Ernesto, decide ayudarle. Ernesto es la viva imagen de alguien que tienen una profunda necesidad de no ser olvidado. Es el gran artística que hasta la muerte a llevado su legado.


Finalmente se descubre el gran secreto. No existe una relación familiar entre Ernesto y Miguel, porque su tatarabuelo es Héctor. Peor aún, descubrimos que la necesidad de trascender y nunca morir de Ernesto lo llevo a matar al verdadero artística, a Héctor; lo que explica porque jamás volvió a casa. El olvido, su gran temor de Ernesto es el único destino para lo que hizo, es lo irónico en la vida, lo que más memos, cuando no lo resolvemos, es lo que terminamos viviendo. Por eso lo significativo de la canción “recuérdame”, que es lo que ayuda a mamá Coco de salir de su letargo y poder recordar a Héctor, su padre. Porque recordar, como ya dije, es la manifestación del amor y el amor nos ayuda a seguir en la vida. Ese amor es el que vemos en Héctor, el que siente por su hija Coco, y que lo deposita en su canción, que es muy melancólica porque se canta desde el dolor por el marcharse y deja un poco de esperanza en el deseo de volver. No me cabe duda de la importancia de la música para la vida.


Pasado un año vemos que una nueva foto se agrega a la ofrenda, la de mamá Coco. Existe la tristeza por su partida “y”, la alegría por lo que se vivió con ella y el amor que hubo. Sí, resalte el “y” porque usar la palabra “pero” resta, parcializa la vida. La vida hay que verla en totalidad. Ahora hay una nueva forma de vivir la vida para esta familia mexicana, siguiendo un camino diferente. Miguel ahora vive la música porque su abuelo era el gran compositor Héctor. Lo siguiente que vemos es la familia del más allá que viene al más acá para visitar a sus seres queridos, como cada año. Al final, no importan quien este de qué lado, lo que importa es que la familia sigue junta y se ama en la vida y después de la muerte.


Si me lo preguntan, yo prefiero que mis hijos recuerden a quienes les toque recordar y, de vez en cuando, se acuerden de los que puedan, porque recordar la historia es valioso. Tengan presente a todas las personas que, por el amor que les dejaron, estén firmes en sus corazones y aprender a vivir con el dolor que su ausencia deja, porque eso ayuda a recordar el valor de la vida. Sobre todo, que no tengan que cargar con nadie, para que vivan su vida con la libertad y con el derecho inherente que todos tenemos a ello por el siempre hecho de haber nacido.


Aldo Muñoz

aldo@aldomunoz.com

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