• Aldo Muñoz Castro

Domingo 1ro. de julio de 2018. (2a Parte)

La política es en gran parte imagen y apariencia. No me mal entiendan, claro que tiene toda una estructura teórica que lo hace algo mucho más profundo, pero ese es exactamente el problema. En el mundo nos han en enseñado a ver “lo bonito” y darle un mayor peso con respecto a otras cosas. El costo de ello es no ver el mundo a profundidad y vincularnos con él desde lo superficial. Eso es a lo que nos abocamos al momento de votar (excepto quienes son profundos conocedores de estos temas), eso es en lo que se enfocan los políticos al momento de ofrecer, nos ofrecen cosas bonitas.


Ustedes pueden contrargumentarme que estoy mal, que claro que existen proyectos políticos detrás de un candidato. Ese es otro problema. Seré cuidadoso en estas palabras, “nosotros sobreteorizamos la vida”, permítanme explicarme. Las teorías han revolucionado el mundo, no hay duda de eso y son sumamente valiosas. Sin embargo, nos hemos esforzado tanto por construir teorías proyectadas para un mundo idealizado que existe solo en nuestras cabezas que nos hemos alejado de ver la realidad y ejecutar acciones en ella. Esto sucede en la ciencia misma. La ciencia es perfecta, pero está hecha por personas y ellas no son perfectas.


Continuamente escucho la clásica reclamación que procede desde las personas de ciencia: “¡cómo es posible que un futbolista gane más dinero que un científico!”. Primeramente, sería necesario conocer todos los sueldos del mundo de la ciencia y del deporte para hacer las comparaciones pertinentes y fundamentarlas correctamente. Independientemente de hacerlo, coincido en la idea de que los deportistas obtienen ingresos superiores en comparación a los de los científicos quienes “trabajan para cambiar al mundo”.


Sin embargo, analizándolo a detalle, la consigna denigra a los deportistas porque en el fondo se plantea que una persona de ciencia es superior a una persona que se dedica al deporte. Este “clasismo” (palabra muy interesante de la que hablo en otro artículo que se llama “juicios y clasismo”), pienso que se originó de la idea de que la ciencia, al ser algo que transforma al mundo, tiene un mayor valor, lo cual tiene cierta razón, pero plantear que por ello las personas que hacen ciencia son mejores, es lo cuestionable porque es narcisista. A esto se ha sumado un fanatismo religioso de personas que ven a la ciencia como una entidad divina cuando, curiosamente, muchas de ellas se mofan de las creencias religiosas. Obviamente no lo generalizo este argumento.


La ciencia es una actividad que involucra mucho el adentro de nosotros, la reflexión, la consciencia, implica un mayor esfuerzo, y por esto, es visto por menos personas a un nivel masivo.

Segundo, si económicamente el deporte como negocio genera más dinero es porque es un “espectáculo”, algo hecho para ser visto, que no involucra una alta profundización y consciencia para quienes lo ven. Se ubica en gran medida en el afuera de nosotros, en el mundo exterior, por tanto, es más visible para el mundo en general. Por su parte, la ciencia es una actividad que involucra mucho el adentro de nosotros, la reflexión, la consciencia, implica un mayor esfuerzo, y por esto, es visto por menos personas a un nivel masivo.


La ciencia no fue hecha para ser un espectáculo. El deporte es más fácil de ver porque es más fácil de entender, apreciar y disfrutar, en contraste con la ciencia. Por lo tanto, la realidad es que el deporte genera más atracción y dinero, ¿eso es tan malo? No lo creo, pero independientemente de lo que piense, es la “realidad”. Si la gente de ciencia niega esta realidad y la ve fatalista, desde ahí tenemos problemas para, verdaderamente, ver la realidad como es. Si no vemos las cosas como son, es muy difícil que, lo que proyectamos en teorías y laboratorios (ambientes controlados) lo aterricemos en acciones efectivas. Eso no es nada bueno para nadie.


Curiosamente, fantasías atractivas y elaboradas, son las que los políticos se dedican a ofrecernos, para que después, pobremente se aterricen en realidades concretas.

Mientras muchas realidades de la vida no las aceptemos, seguiremos topándonos y estrellándonos con la pared. Por esta razón estoy intentando esbozar un trabajo sobre la realidad. Para mí, el gran mal del sigo XXI es la “fantasía”. El mundo en el que estamos está cargado de fantasías alejadas de la realidad última, nuestros avances tecnológicos han hecho crecer esta parte del mundo. Necesitamos aprender a manejarnos con ella ya que, está afectando nuestra salud psicológica. La fantasía no es mala, lo que sucede es que se ha vuelto más compleja y sus límites son difusos, nos está costando trabajo vincularnos con ella. Curiosamente, fantasías atractivas y elaboradas, son las que los políticos se dedican a ofrecernos, para que después, pobremente se aterricen en realidades concretas.


Un candidato puede tener un excelente proyecto de nación, eso no significa que lo vaya cumplir o que su proyecto realmente funcione. Hagamos un ejercicio de franqueza. Pregúntense con sinceridad por las promesas/propuestas de los candidatos por quienes han votado en el pasado, ¿tienen presente cuáles se cumplieron y cuáles no? Es un poco como las encuestas, cada quien tiene las suyas y cree ciegamente en ella. Necesitamos reestructurar la manera en que entendemos y damos valor a los resultados. El mundo le ha dado más peso a las promesas, que a los resultados, le ha dado más peso a “lo bonito”, que a los resultados. Hasta en la relaciones de pareja lo podemos ver. El novio que promete ya no ser infiel, la novia que se lo cree una y otra vez. A pesar de todas las vece que el novio no lo cumple, ella le sigue creyendo. ¡¿Cómo dejar de creerle si jura que va cambiar y lo jura por el amor (que es algo bonito y una de las mayores fantasías de la vida) que siente por ella?!


En la política de nuestro país eso es una constante, prometer es fácil. Necesitamos comenzar a calificar el valor de un político con base en los resultados que dé. ¡Basta de solo prometer!, ¡basta de solo proponer! La invitación es a aterrizar realidades en este mundo de fantasías, es una pauta de salud mental general que les invito a seguir. Aprender a ver resultados, hacer evaluaciones y tomar decisiones con base en estos y enseñárselo a hacer a nuestros hijos en su vida en general.


Cambiar de verdad, para mí, implica transformar, es decir, hacer algo nuevo o diferente con lo que ya somos.

La promesa/propuesta del cambio, es lo que los políticos ofrecen con respecto a la persona que ocupa el lugar al que aspiran llegar. En este mundo de apariencias cualquiera puede mejorar aspectos de sí mismo, ser entrenado para caminar correctamente y vestir bien, aprender a hablar con las palabras correctas, etc.; pero eso no significa que sea lo mismo cambiar que mejorar, como ya lo expuse antes. Los políticos se esfuerzan por ser mejores dando una mejor imagen, en general todos lo hacemos. Sin embargo, en ese sistema fundamentado en el beneficio personal y la búsqueda del poder, los políticos de nuestro país mejoran para ser aceptados, para recibir votos. Cambiar de verdad, para mí, implica transformar, es decir, hacer algo nuevo o diferente con lo que ya somos.


Como también ya hice mención de ello, cambiar es hacer una consciencia profunda, con base en los hechos dolorosos de la vida pues nos transformamos cuando nos permitimos vivir el dolor. Ese es el gran valor del dolor. En el mundo, como antes lo he manifestado, nos esmeramos por evitar el dolor, grave error. Me es muy difícil creer en el cambio que dentro del sistema político nos ofrecen cuando procede de personas que viven grandes lujos, que no pierden, que difícilmente generan consciencia con base al dolor de su vida.


Tenemos el ejemplo de Ricardo Anaya quien decidió buscar la presidencia por el PAN. Su ambición desmedida lo llevó a hacer toda una serie de acciones para lograrlo, arrasó con todo y todos. Recuerden que la ambición no es mala siempre y cuando sea encausada correctamente. Además, Anaya es un hombre de grandes capacidades, tanto así que, logró su objetivo. Esta es una de mis nuevas frases favorita de mi vida “que te salgan las cosas no significa necesariamente que sea bueno”. Si alguien es infiel y sabe hacerlo y le sale bien, puede tener aún un gran costo impensable como que un esposo furioso, por rencor, lo mate. El costo de Anaya está en su rotundo fracaso, el origen de esa caída fue por esas grandes habilidades y esa ambición desbordada. En el presente está absolutamente ausente, con una carrera política posiblemente acabada, eso se pensó que pasaría con Obrador, sin gente que lo respalde y lleno de enemigos, eso no le pasó a Obrador. Igualmente que Anaya, que Obrador haya conseguido ser presidente no significa que sea bueno para él.


Si realmente buscaba un cambio en beneficio de todos, ¿por qué insistir en ser él presidente después de dos derrotas electorales?

Rotundamente expreso que con Obrador no se va a dar el tan “anhelado cambio” fantasioso que nos han vendido y nosotros hemos alimentado con el paso de los años. Nuevamente, para mí, solo hicimos un movimiento en este país que es “más de lo mismo”. Durante 18 años de campaña política Obrador construyó una estrategia, de la que hablare a continuación, que lo llevó al éxito electoral. Desde este punto se puede cuestionar que tan democrático es el presidente electo. Si realmente buscaba un cambio en beneficio de todos, ¿por qué insistir en ser él presidente después de dos derrotas electorales?, ¿No era más conveniente catapultar a alguien más a la presidencia y él ser parte de ese cambio?



Implica un gran narcisismo proyectarse como “el cambio”. El cambio colectivo no le pertenece a nadie porque es de todos, el cambio no es una persona, ni un punto fijo, ni se da en una hora específica. El cambio no es hablar diferente y ser lo mismo por dentro, como pasa con quienes están en el sistema político, el mismo sistema los lleva a actuar así. El transformarse se ve en resultados y no promesas, se refleja en la constancia y no en acciones inmediatas. El transformarse es gradual, a través del tiempo y en el transformarse todos somos parte de, aunque lo aceptemos o no. Si no lo aceptamos, su beneficio se pierde; si lo aceptamos llegará lo nuevo, estaremos dando los pasos hacia la adaptación y recuerden que adaptación es evolución.

El cambio no es hablar diferente y ser lo mismo por dentro, como pasa con quienes están en el sistema político, el mismo sistema los lleva a actuar así.


Aldo Muñoz

Psicoterapeuta

aldo@aldomunoz.com



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