• Aldo Muñoz Castro

El psicólogo y su salud mental

En este mes estamos hablando sobre la salud mental, a razón de que el 10 de octubre es el día que la OMS eligió para conmemorarlo. De inicio apelaría a comenzar hablar del binomio “salud mental-emocional” (y comenzar a contemplar también la salud social). Aprovecho para manifestar lo absurdo que me parece hacer esta mención. Si agrego la palabra “emocional”, es debido a que por desgracia, tenemos abandonadas nuestras emociones y ese es un hecho bastante grave que seguimos sin atender. A la vez, reconozco que es absurdo también seccionar la salud física de la salud mental-emocional puesto que somos una totalidad y no pedazos. Lo mejor sería hablar del concepto global de salud.


Cuando muchas gotitas de agua se juntan, se hace un charco; cuando muchos charcos se acumulan, se hacen ríos. Eso es lo que busco generar para las personas, un cauce que los lleve a transformar su vida.

Trabajar verdaderamente la “salud”, implicaría tomar en cuenta su dinamismo y profunda interconexión entre estos dos lados que hemos creado. Entenderlo me ha llevado mucho tiempo. Como psicoterapeuta hago la invitación, a las personas que asisten conmigo, a atender su salud con los médicos correspondientes para que una cosa impacte en la otra. Cuando muchas gotitas de agua se juntan, se hace un charco; cuando muchos charcos se acumulan, se hacen ríos. Eso es lo que busco generar para las personas, un cauce que los lleve a transformar su vida. Ese mismo río de vida, me he esmerado en generarlo para mí.



Como constantemente lo digo, no me atrevo a decir que soy una persona saludable, pero si me atrevo afirmar que soy una persona que busca constantemente la salud. Hace tiempo tengo consciencia de que cuidar la salud para otras personas comienza desde mis propias acciones y desde el cuidarme primero a mí. No es porque quiera ser un “ejemplo” para los demás, es por simple coherencia. Se lo externo a las personas que asisten conmigo: “como acompañar a que la gente tenga claridad para su vida, si no busco claridad para la mía”. Decirlo de esta forma es para explicar y manifestar que sigo acudiendo a un proceso psicoterapéutico personal, uno de los pilares de lo que es un psicoterapeuta adecuadamente preparado.


El mundo dice cosas como “el que se enoja pierde”; ese tipo de ideas son tonterías absolutas que van en contra del aprender a contactar y manejar nuestras emociones de forma eficiente y adaptativa

No me es fácil decirle a la gente que soy una personas con heridas emocionales, poco a poco he ido rompiendo con esa dificultad a través de entender que muchas ideas sociales son premisas erróneas. Ha sido común para mi escuchar, a lo largo del tiempo, la frase “¡¿no que eres psicólogo?!” Me la decían cuando me veían enojado, lo hacían con tal seguridad que no entendía la exigencia sin sentido que me planteaban. ¿Por ser psicólogo no tengo derecho a enojarme?, ¿por ser psicólogo debo de ser perfecto?, ¿por ser psicólogo me tengo que arrancar mi humanidad? El mundo dice cosas como “el que se enoja pierde”; ese tipo de ideas son tonterías absolutas que van en contra del aprender a contactar y manejar nuestras emociones de forma eficiente y adaptativa, y sobre todo, van en contra de la salud de todos y en contra del aprender a cuidarnos.


Esto mismo ha faltado en la formación de los psicólogos. Se ha carecido de una verdadera educación sobre su salud, como carente es la atención que reciben para esta, así como, pobres son las acciones en pro de fomentarla. Respecto al tercer punto, la acción más necesaria e inmediata es hacer que sea un requisito básico tomar un proceso psicoterapéutico a “toda” persona que decida estudiar la carrera de psicología sin excepción. Pedir que sea una regla general esta acción y que se generen verdaderos perfiles de las personas que ingresan a estudiar la licenciatura. La intención es brindarles los recursos necesarios para formar personas con una adecuada capacidad del ejercicio de la profesión.


Es un secreto a voces esto que manifestaré. En diferentes espacios donde he tenido la experiencia de formar psicólogos (como profesor universitario), me ha tocado observar a jóvenes psicólogos que padecen dificultades de vida fuertes. Por desgracia a pesar de que se busque sensibilizar a los chicos de la importancia de este autocuidado de su salud, es muy común que no lo hagan, es una renuencia natural, mejor dicho, es la manifestación de sus “resistencias”. Siempre es difícil aceptar que tenemos dificultades y por ello existe un natural rechazo a aceptarlas, o más bien, antinatural, es la cultura la que nos enseña a que es mejor no verlo.


Siempre es difícil aceptar que tenemos dificultades y por ello existe un natural rechazo a aceptarlas, o más bien, antinatural, es la cultura la que nos enseña a que es mejor no verlo.

Sin embargo, aunque sea difícil asimilarlo es necesario actuar, porque es un gran sin sentido tener a una persona que atienda la salud mental de otra, estando carente de esa acción hacia sí misma. No deseo que se confundan y piensen que es un discurso de exigencia y de búsqueda de generar “psicólogos perfectos”, no es así. Es simplemente comprender que, quien decide ser psicólogo, al surgir de esta misma sociedad herida, trae consigo esas carencias que le tocara enfrentar en otros. Pero además, es con la intención de cuidar a quienes deciden meterse a profundidad en la atención de la salud mental y reconocer si tienen las herramientas para hacerlo.


Por desgracia siendo docente atestigüé como jóvenes psicólogos en formación padecían enfermedades mentales graves, como esquizofrenia, bipolaridad, con adicciones o intentos suicidas, y no recibían la atención necesaria, si la recibían no se hacía una valoración de sus condiciones emocionales para estudiar la carrera de psicología o sus alcances y límites dentro del estudio de la misma. Recuerden que, como he escrito antes, la carrera de psicología atrae a personas que su tema es exactamente la salud mental, lo que puede ir desde cuestiones sutiles, hasta situaciones complejas como las personas que padecen una fractura en su contacto con la realidad (psicosis). Es algo parecido como en el caso de quienes deciden estudiar nutrición, los que estudian esta carrera su tema, en parte, ronda en la imagen y el peso corporal.


Que un psicólogo en formación tenga una necesidad de salud mental importante no significa que se le excluya de estudiar la carrera de psicología, no es mi pretensión que la psicología se vuelva un grupo elitista donde solo seres “superdotados” puedan estudiarla. Las personas con carencias fuertes, si las trabajan, son quienes pueden ser profesionales de calidad, porque a fin de cuentas sus desventajas las hacen puntos de fortaleza. Sin embargo, si será importante cuidar que aquellos que tienen una necesidad elevada respecto al cuidado de su propia salud mental, sea mejor canalizarlos a áreas de la psicología (muy valiosas y también fascinantes) donde su persona y su salud mental, no se vea comprometida, ni se comprometa la salud de otro, que de por sí, si acude al psicólogo, nos está indicando que se encuentra en un grado de vulnerabilidad relevante.


Las personas con carencias fuertes, si las trabajan, son quienes pueden ser profesionales de calidad, porque a fin de cuentas sus desventajas las hacen puntos de fortaleza.

Por desgracia esto aún no pasa y vi cómo muchos jóvenes con altas necesidades emocionales se les permitía estudiar la carrera a pesar de manifestar esas dificultades de forma evidente. Lo más fuerte de esto es que en su progreso escolar llegan a hacer prácticas que involucraban atender, con intervenciones psicológicas breves, a otras personas. Por desgracia todo el aparato académico (no se puede obligar a un alumno atender su salud) y legal me ataban (podía ser acusado de discriminación). Solo me quedaba el dialogo y la sensibilización sobre el tema, sin embargo, no fui efectivo en mis acciones por desgracia y también me canse de ello. Fue una de las razones por la cual decidí alejarme y retirarme de la docencia.


Siguiendo la misma lógica expuesta unas líneas arriba. Para poder formar a psicólogos con un sentido de salud, también es necesario voltear a ver a quienes son los formadores. Por desgracia, también ahí hay muchas áreas de oportunidad para abordar. No es fácil manejar la energía de un grupo, es mucho más complejo manejar la energía de un grupo cuando se tiene consciencia de lo que implican esas manifestaciones, porque no es solo tachar a un alumno de mal alumno, es comprender que sus actos nos dicen algo y que, desde la psicología, no podemos ser ciegos a eso que estamos viendo.


Si todos cuidamos de todos, el peso se distribuye y se facilitan las cosas, es algo que requerimos enseñar.

Por desgracia es común que los problemas se unan más problemas, por ello es necesario también comenzar a estructurar con un mayor cuidado quienes son la personas que estarán a cargo de formar a otros psicólogos, sobre todo a esos psicólogo que abocaran su vida al cuidado de la salud mental de otros. Si se lo preguntan, en efecto, también estoy hablando de docentes que a través de mi vida como alumno, he visto cómo sus acciones también se vuelven un punto de conflicto hacia los propios alumnos. Incluso cuestiono, pues lo desconocía, si tenían un proceso personal activo, ¿no es prudente que un profesor universitario abocado a formar psicólogo reciba atención psicológica por tan delicada labor? Es muy fácil terminar culpando a los alumnos y sus conductas, pero la historia no es así siempre.


Si todos cuidamos de todos, el peso se distribuye y se facilitan las cosas, es algo que requerimos enseñar. Como también enseñar a todos a responsabilizarse de cada uno, porque deseo que ya no seamos pasivos en la vida y comencemos a ver que la vida misma se trabaja y que no hay nadie que pueda hacer más por nosotros que nosotros mismos. Los psicólogos somos personas que estamos para los demás, pero que a la vez, somos parte del mismo mundo, pido que se nos vea con otra mirada, una más comprensiva, alejadas del empoderamiento. Ver solo un ser humano, con defectos y virtudes, haciendo algo por otro ser humano.


Aldo Muñoz

Psicoterapeuta

aldo@aldomunoz.com

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