• Aldo Muñoz Castro

Hacia una nueva visión de la salud. (Parte 4/5)

Actualizado: 19 jul 2018


Salud

“Lo que hacemos a nuestros treintas es para nuestros cuarentas”

La salud es algo que construimos. Un amigo, y buen médico bariatra, me lo hizo notar con la siguiente frase: “lo que hacemos a nuestros treintas es para nuestros cuarentas”. La salud es algo que se trabaja en el presente para ver sus resultados en el futuro. Lo anterior nos conduce hacia otro elemento de suma importancia para comprender de otra forma la idea de la salud: la salud es algo a lo que siempre hay que invertir, jamás verlo como un gasto. Conocer en qué puntos necesitamos trabajar sobre nuestra salud nos ayudaría a proyectar nuestra vida con mucha mejor calidad de como considero que lo hacemos. Construir e invertir, el no hacerlo ha dado origen al millonario y cruel negocio de las aseguradoras.


El costo de la atención de la salud, por la forma en que la vivimos, es demasiado alto y, para millones de personas, injustamente incosteable. Una inversión a lo largo de los años, es decir, con la consciencia de que destinaremos siempre dinero para ello, es una opción totalmente más viable, no porque gastemos menos después, sino, porque viviremos mejor. Pensar en que invertimos en nuestra salud porque es sinónimo de construir, es preferible que gastar buscando solucionar cosas que, regularmente, ya no son solucionables. Donde solo nos queda hacer intentos desesperados y pocos fructíferos para nuestra salud y se termina abriendo la puerta a cosas como los “remedios milagro”.


"Hablo de comenzar a contemplar lo que sería una verdadera educación para la salud".

Para lograr la “verdadera prevención”, que en líneas anteriores hable de ella, el complemento de un conocimiento histórico de la salud (física y mental-emocional) de un individuo, tomando en cuenta su contexto presente, se realizaría ejecutando acciones claras, puntuales y específicamente dirigidas. La persona sería encaminada desde pequeña para poder cuidar su salud desde los puntos vulnerables que se tengan en consciencia. Como es inevitable que, en el camino de la vida vivamos más hechos que nos impacten y marquen, emocionalmente hablando, es posible capacitar al individuo para que aprenda a afrontar éstas situaciones. Hablo de comenzar a contemplar lo que sería una verdadera educación para la salud.


Sinceramente, considero que lo que hoy llamamos prevención son solo actos correctivos para detener el desastre, es decir, no tiene nada de preventivo. Así mismo, lo que llamamos educación de la salud, es algo inexistente. Enseñamos cosas que se alejan del individuo, la salud, es algo que es necesario “apropiarse”, puesto que es el único bien absolutamente propio con el que contamos al llegar a este mundo, lo que implica que nos apropiemos de nuestro cuerpo y nos apropiemos de nuestra existencia. Una educación que no sea basada en esquemas inmóviles, sino una educación vívida desde el propio ser.


"Lo que siempre escuchamos cuando hablamos del desarrollo humano, es una visión que, en el fondo, se sustenta desde la idea del desarrollo perfecto".

Una formación alejada del ideal de la perfección. Si lo analizamos, lo que siempre escuchamos cuando hablamos del desarrollo humano, es una visión que, en el fondo, se sustenta desde la idea del desarrollo perfecto. Un desarrollo sin dificultades, sin contemplar los factores ambientales, que no integra a su visión los accidentes de la vida, que nos enseña a un individuo que crece como si estuviera aislado del mundo. Una visión muy deficiente e irreal. Hablamos sobre cómo se desarrolla un pequeño y las etapas por las cuales pasará a través de su vida, hacemos narraciones sobre cómo será ese desarrollo, sin hablar de todas la eventualidad que vivir la vida conlleva. En ese desarrollo solo se contempla lo físico y lo psicológico, se narra desde lo biológico.


Hablamos del desarrollo humano sobre cómo “debe ser”, es decir, de un ideal. En un ideal, las personas cuidarían su salud, en un ideal un niño no tendrá accidentes, en un ideal sus padres siempre lo cuidarán, en un ideal las enfermedades se atienden de inmediato, en un ideal el entorno del niño beneficiará su desarrollo. En ese ideal, no se habla de emociones, de ansiedad, tristeza, miedo, etc. En ese ideal no se habla de cómo, lo que no vemos, como las emociones y los pensamientos, impactan en la vida de las personas y hacen que sus actos sean con inseguridad, agresión, destructividad. En verdad, pienso que no educamos para la salud, ni para vivir la vida. Lo necesitamos hacer ya.


"Nuestra sobrebusqueda del placer en la vida, nos lleva a un camino que termina siendo destructivo para nosotros".

Esta educación limítrofe, no toma en cuenta un factor fundamental, considero yo, de los seres humanos. Tenemos una tendencia hacia la destructividad y la autodestructividad. Es algo inherente a la naturaleza. La naturaleza es capaz de construir ecosistemas complejos que sustentan millones de vidas, y a su vez, la naturaleza es capaz de arrasar con esas vidas con un terremoto, huracán o una erupción volcánica. Así también somos nosotros. Soy partidario del creer que es más fácil en la vida destruir que construir, por desgracia, nuestra sobrebusqueda del placer en la vida, nos lleva a un camino que termina siendo destructivo para nosotros.



Comemos hasta reventar

Comemos hasta reventar, tomamos hasta perdernos, fumamos hasta hastiarnos. En esta búsqueda solo del placer, el exceso nos lleva a la destrucción. Diabetes, alcoholismo y cirrosis, hipertensión y EPOC. La tendencia natural a la destrucción es un factor que necesitamos contemplar a la hora de pensar en la salud de las personas. No podemos esperar educar para que la gente se cuide y ya, necesitamos educar tomando en cuenta que también somos capaces de destruirnos y lo hacemos más de lo que hacemos consciencia de ello. La dualidad la veo muy claramente en los médicos que piden a su paciente que bajen de peso y ellos tienen sobrepeso; como los psicólogos que hablan del autocuidado y en sus vidas ignoran esas pautas.


Aprender a construir un camino de vida, buscando ser lo menos destructivos posibles y, a su vez, educar al respecto. Esta naturalidad con la destrucción para mi tiene que mucho con el dolor y la pobre manera en que lo afrontamos (ello requiere un libro completo al respecto de este tema). El dolor no atendido, se acumula y afecta nuestras acciones, desde el ámbito de lo mental-emocional, no me queda duda de ello. Como lo físico y lo mental-emocional van de la mano, por lo tanto, todo tiene que ver con todo. Somos seres dinámicos.

(4/5)


Aldo Muñoz

Psicoterapeuta

aldo@aldomunoz.com



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