• Aldo Muñoz Castro

Hacia una nueva visión de la salud. (Parte 2/5)

Actualizado: 19 jul 2018


Salud Bienestar Psicología

El mundo que hemos construido es realmente muy cómodo, de tal manera que nos ha permitido y ha dado paso a vivir “sobrellevando” muchos males en nuestras espaldas. Una muñequera puede esconder los síntomas de una lesión por el uso excesivo del mouse de la computadora. Los medicamentos para la hipertensión disimulan la problemática cardiaca detrás. Un buen bastón hace menos difícil el caminar para una persona con desgaste de cartílago en su cadera. Un viaje de placer nos ayuda a olvidar la tristeza que desde hace años traemos a cuestas y que jamás hemos atendido. El ejemplo más contundente está en el abuso que hemos hecho de los antibióticos, y que, en la actualidad, nos tiene en una situación crítica pues su efectividad está al borde del colapso, todo por estar cómodos y no vivir con malestar alguno.


"No somos capaces de ver cómo nuestras acciones nos destruyen poco a poco, a fin de cuentas cada cuerpo es diferentes y como el mundo construido nos ayuda, abusamos de nosotros y podemos vivir años en ese abuso, y aun así, seguir vivos".

Aprendemos a “sobrellevar la vida”. Cargamos dolores, los aguantamos hasta que nos incapacitan, es cuando recurrimos al médico y le pedimos que con un “pase mágico” nos devuelva la salud. No somos capaces de ver cómo nuestras acciones nos destruyen poco a poco, a fin de cuentas cada cuerpo es diferentes y como el mundo construido nos ayuda, abusamos de nosotros y podemos vivir años en ese abuso, y aun así, seguir vivos. Comemos hasta reventar, tomamos hasta el ahogo, trabajamos hasta el agotamiento, ¡no hay problema!, para ello tenemos millones de medicinas que nos ayudan a restituir un cierto equilibrio, y dejamos de notar el daño de por medio.


Todo lo antes abordado lo escribí pensando en la salud física (en su mayoría), sin embargo, para la salud mental-emocional, la situación es más grave. No pretendo caer en el error de dividir lo indivisible la salud es una totalidad profundamente interconectada y siempre es necesario pensar en ella desde esta idea. Hablaré de la salud mental-emocional, una totalidad, porque el término tradicional “salud mental” nos remite a la mente, es decir, nos olvidamos de las sensaciones y emociones. Es una subfractura dentro de la visión fracturada del cuerpo y la mente. El término salud mental-emocional, para mí, es un término que integra mejor la idea porque si de algo veo que hoy carecemos es de aprender a vivir a partir de experimentar las emociones que son nuestra guías biológicas para vivir la vida.


"Solamente hasta que el dolor es muy intenso, se buscan las explicaciones y las soluciones pertinentes".

La salud física y la salud mental-emocional, a fin de cuentas forman una cosa: la salud. Ya lo dije antes, somos un cuerpo, una unidad. Para la salud mental-emocional un aliado también importante es el dolor, que igualmente, desestimamos. Por desgracia hemos aleccionado a los médicos, y ya en este punto agrego a los psicólogos, a dedicarse a ser como bomberos y apagar el fuego (dolor) sin dirigir sus acciones para atender el origen del incendio. Solamente hasta que el dolor es muy intenso, se buscan las explicaciones y las soluciones pertinentes. De hecho, los médicos buscan, quizá como un objetivo inconsciente, quitar el dolor como sea del cuerpo del enfermo, lo que desvirtúa la utilidad y la importancia del dolor en la vida en general. Recuerden, en lo que entiendo, cuando no hay dolor, no hay enfermedad, pero ello no significa que exista la salud.


El dolor no es fácil de vivirlo porque nos hemos pasado evitándolo. El tema del dolor merece para mí un tratamiento profundo que espero pronto hacer. Pero en lo general, el dolor no lo queremos, porque “a esta vida venimos a ser felices”, que absurdo. Evitamos que todo tipo de dolor se viva, lo cual es imposible y lo único que hacemos es prolongarlo hasta el punto en donde ya no podemos correr.


Cuando la gente llega conmigo al espacio psicoterapéutico (no digo consultorio pues es un espacio médico) lo piden expresamente: “ya no quiero sentirme triste”, “ya no quiero estar enojado”, “ya no quiero que me duela mi divorcio”. La idea social es que el dolor es “malo” y por ello hay que extirparlo. Por esta razón se ha terminado por abusar de los medicamentos para el dolor y de los medicamentos psiquiátricos, porque no queremos vivir el proceso que involucra atravesar por el dolor y lo postergamos hasta estar en el malestar evidente. Esta es una de las formas en las que hemos abandonado nuestro cuerpo, lo hacemos al ignorar y pretender arrancar el dolor de nosotros.


Siempre se lo digo a las personas “si la salud física no la cuidamos, la salud mental-emocional menos”. La salud física no se cuida y eso que es más visible, con base en cómo nos han enseñado a ver la realidad. La salud mental-emocional es menos tangible, por lo que está en el total abandono. No enseñan pautas de higiene sobre como lavar frutas y verduras, lavarnos las manos y los dientes, etc., sin embargo, carecemos de pautas de higiene mental-emocional. Hemos desestimado este lado de la salud, cuando día a día, me sigo convenciendo de cómo muchas enfermedades físicas tienen una profunda conexión con cosas mentales-emocionales.


El mundo nos demanda que “no lloremos”, “no enojarnos”, “no sentirnos tristes”, en realidad, el mundo nos demanda ignorarnos.

La gravedad del abandono de la salud mental-emocional es algo que no se ve, de nuevo, porque vivimos en un mundo con tal comodidad que podemos andar en la vida a pesar de las crisis de ansiedad que padecemos, de la depresión que sentimos y de las heridas emocionales que cargamos. Hemos desestimado las emociones y todo lo que está detrás de ellas porque en la vida hay “cosas más importantes”. El mundo nos demanda que “no lloremos”, “no enojarnos”, “no sentirnos tristes”, en realidad, el mundo nos demanda ignorarnos.


La medicina al centrarse en el cuerpo físico dejo a un lado la personalidad. Eso que se ve en conductas e ideas expresas, que se refleja en nuestra forma de caminar, hablar y relacionarnos. Se intentó explicar de diferentes formas como el alma, los humores, etc. Explicaciones que a través del tiempo fracasaron. Como consecuencia, se abandonó su estudio y atención, la medicina optó por lo objetivo. Solo algunos han seguido insistiendo en ese camino, la psicología se esmera por cubrir ese hueco, pero requerimos entender que es una ciencia aún muy joven. Sinceramente, cuando, reflexiono al respecto, no dejo de pensar que dentro de algunos años, las nuevas generaciones de psicólogos se reirán de lo que hacíamos en el pasado.


¿Por qué es importante entender esto? Como antes lo hable, lo que es real es lo que existe. Al no poder ver tocar las emociones y pensamientos, su importancia y valor las hemos relegado a niveles increíbles. Me ha tocado conocer personas padecer un gran sufrimiento, ante sus signos y síntomas físicos que no tienen una explicación médica, debido a que los médicos que les dan atención les dicen “su malestar no es real”. Son palabras tan fáciles de decir y tan pesadas para la gente que las escucha. Son el reflejo de la locura que es el cómo vivimos la salud mental-emocional.


Si este ser todo poderoso, el médico, dice que no existe, se le dice indirectamente al paciente que está inventando algo, que miente, que está loco. Quizá lo más prudente sería externar que, desde la visión médica y capacidad personal, el médico que atiende, no está logrando comprender el malestar del consultante. Por desgracia los médicos no pueden hacer eso, porque ellos deben de tener las respuestas. También los psicólogos caemos en el error de decir “no es real su malestar”, a pesar de que exista un mayor entendimiento de que el origen tiene que ver con aspectos mentales-emocionales, no sabemos cómo abordarlo.


Paciente. Es por cierto una de las cosas que nos muestran lo desvirtuado de cómo se vive la salud. El término tiene que ver con el padecer, pero también con la paciencia. El paciente es aquel que espera; que carga algo que está mal en él, que no sabe que es y que está atento a que se le diga. Es un concepto que siempre se ha peleado desde la psicología, puesto que es parte fundamental para el psicólogo que la persona sea participe de su propia atención, sus palabras y su conducta no verbal, son las manifestaciones de lo que está dentro del individuo que acude para recibir atención. Sin embargo, el término consultante y cliente, son formas que no terminan de ilustrar a quien va al espacio de psicoterapia. En lo personal prefiero decir “las personas que acuden al espacio psicoterapéutico”, puesto que en esencia, son individuos íntegros con necesidades particulares.


(2/5)


Aldo Muñoz

Psicoterapeuta

aldo@aldomunoz.com



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