• Aldo Muñoz Castro

Hacia una nueva visión de la salud. (Parte 5/5)

Actualizado: 19 jul 2018


Psicologo, Psicoterapeuta
Aldo cuenta con una formación como Maestro en Psicoterapia por la Universidad Iberoamericana de Puebla, Licenciado en Psicología por el Instituto Politécnico Nacional y con un Diplomado en Escenarios, Procesos y Sistemas en Psicología Clínica por la Universidad Iberoamericana de Puebla. Además de otros cursos.

Efectivamente, de nuevo hablo del dinamismo de la salud, algo de lo que escribí en otros párrafos. Lo resalto una vez más porque dentro del ideal de la salud que tenemos, la exigencia que envuelve nuestra visión nos imposibilita el comprender su dinamismo. Existen personas que nacen sin una parte de su cuerpo, que nacen con una condición física específica, que pierden a su madre al nacer, que crecen únicamente con la presencia de la figura materna o que vivieron un evento traumático que los marcó. Todos estos hechos repercutirán en su salud de una forma u otra y a lo largo de sus vidas. Su salud está fuera de este ideal que tenemos conceptualizado, por lo tanto, es poco comprendido y se hace poco al respecto.


Lamentablemente el tener una carencia en nuestra salud, nos hace ver a las personas que lo padecen como defectuosas, como seres humanos de segunda categoría.

Como lo entiendo, la salud la equiparamos como tener un objeto nuevo, si esta nuevo, para nosotros es sinónimo de estar saludable, ese es el estado ideal que siempre buscamos y exigimos conservar. Si compramos un juguete y notamos que no vienen incluidos todos los accesorios que su caja dice, por ejemplo, una de sus partes, vamos y “reclamamos” el hecho para que se nos entregue un nuevo juguete porque el que compramos salió “defectuoso”. Eso no lo podemos hacer con nuestra salud. Lamentablemente el tener una carencia en nuestra salud, en el caso del aspecto físico, nos hace ver a las personas que lo padecen como defectuosas, como seres humanos de segunda categoría.


Hacia una nueva visión de la salud.

En el caso de la salud mental-emocional, se tiene la boba creencia de que “si estamos enteros” (como un juguete nuevo con todos sus accesorios) es sinónimo de que estamos saludables. Es decir, los que serían los seres humanos de “primera categoría”, que desde el exterior se ven “completos”, si no tienen nada, si no padecen nada, entonces estos individuos deben funcionar “bien”. No hay la necesidad de prestarles atención porque simplemente no la requieren. Incluso lo decimos a los demás “no te quejes, afortunadamente estas completo y no te falta nada” o “al menos tienes salud”. En la primera frase se externa la exigencia de no sentirnos inconformes ante los malestares mentales, porque, después de todo, se tiene un cuerpo “completo”. La segunda frase, se centra en la idea de que la salud física es sinónimo de salud global, se da una negación a que nuestro mundo interno, y la salud de este, es absolutamente valioso y repercute también.


Es factible que ciertos individuos sean privilegiados en su salud física, pero batallen desde el ámbito de lo mental-emocional.

Nacer con una condición específica, no significa que no se pueda construir la salud. No padecer una condición física no significa que seamos saludables. Cada uno de nosotros contará con una pauta en su salud, con características específicas. Algunos su salud será frágil a través de su vida, así como, algunos tendrán una constante presencia de salud. Otros vivirán su salud como constantemente cambiante y otros mantendrán cierta estabilidad a lo largo del tiempo. Es factible que ciertos individuos sean privilegiados en su salud física, pero batallen desde el ámbito de lo mental-emocional. Así como es factible también que, para algunas personas, su discapacidad física no sea reflejo de cómo están desde su salud mental-emocional.


En general a lo que hago alusión es que, fuera de este ideal de exigencia de salud, abramos los ojos para ver los verdaderos matices que tiene con el objetivo de cuidarla y construirla para todas las personas en lo que sea posible hacer por y para ellos. Eso es lo que me enseñaron desde la carrera de psicología, me dijeron que la idea última de la psicoterapia es que la personas tengan una mejor calidad de vida. Así de simple. Dentro de ello entender que, en gran medida, la salud mental-emocional es una experiencia subjetiva y por ello la salud en general, en gran parte, también dependerá de cómo la viva el individuo.


La exigencia nos puede llevar a ser productivos, pero puede afectar nuestras relaciones interpersonales al esperar que los demás cumplan con nuestros altos estándares de exigencia siempre.

Hablando de la subjetividad, como elemento importante dentro de la salud mental-emocional, y la salud global; dentro de esta nueva óptica, se hace relevante ver ciertos trazos implícitos en esta. Me refiero a que ciertas conductas o actitudes socialmente valoradas, serán benéficas para ciertas cosas en el individuo, y poco benéficas, para otras cosas. Tomemos como ejemplo, ya que hemos hablado de esto, a la exigencia. Socialmente, la exigencia es bien vista y valorada. Una persona exigente, que no se conforma, que busca ser siempre ser mejor, que siempre busca crecer, que es minucioso en su labor, es alguien admirado. La exigencia nos puede llevar a ser productivos, es cierto, pero puede afectar nuestras relaciones interpersonales al esperar, inconscientemente, que los demás cumplan con nuestros altos estándares de exigencia siempre.


Esa es la forma en que podemos ver la relación salud-enfermedad desde el ámbito de la salud mental-emocional, siempre será muy sutil y estará a debate cuando nuestras conductas son benéficas o perjudiciales para nosotros. Dentro de este ámbito, la forma en que la enfermedad se conceptualiza, se hace necesario el cuestionarlo también. Decimos depresión, decimos trastorno de ansiedad, decimos TOC, trastorno límite de la personalidad, etc. Usamos todas estas palabras como si alguien que padece alguna de éstas enfermedades las viviera como si fueran agentes patógenos que lo invaden, a fin de cuentas, la visión médica se hace presente.


Sin embargo, es necesario entender que la depresión, es tristeza que ha estado presente durante mucho tiempo y ha inundado al individuo, y la tristeza, es algo que está presente en todos nosotros y se externa en diferentes formas (melancolía, andar chipil, estar bajoneado, etc). Así mismo, todos tenemos ansiedad, la diferencia es como el resto de nuestra personalidad opera, que factores biológicos y genéticos repercuten, y que situaciones de nuestro contexto terminan impactando. Con esto quiero decir que no hay un virus de la ansiedad, de la depresión, de la obsesión (hasta ahora nada nos lo hace pensar). Claro que muchos agentes patógenos pueden repercutir en la personalidad, pero dentro de lo que intento externar, a unos muy pobres trazos que logro hacer, es que necesitamos comenzar a ver diferente lo que es la enfermedad mental-emocional. Incluso pensar sobre que sí llamaríamos enfermedad y a que no.


Replantear la salud para replantear la enfermedad, replantear la enfermedad para replantear la salud.

Replantear la salud para replantear la enfermedad, replantear la enfermedad para replantear la salud. Un camino de ida y vuelta que nos permita generar una nueva forma de vivirnos y de romper con otras cosas. Como lo que denomino la cadena del descuido. Debido a la forma tan errónea en que vivimos la salud, lleva a que los individuos que se descuidan requieran ser cuidados por otros. Las personas ya afectadas, de forma evidente, por alguna enfermedad se hacen dependientes del cuidado de otras personas. Por desgracia, las personas que cuidan tienden a ser personas cercanas al individuo. Digo por desgracia, porque son personas que no reciben remuneración por su labor y no porque el dinero sea un factor de importancia, más bien, el decirlo así, me permite externar lo costoso que es, para una persona que no se dedica a ello profesionalmente, el cuidar de otro ser. El costo es su propia salud. Esa es la cadena del descuido.


Gente que no se cuida, que requiere ser cuidada. Eso viene desde los padres que, por los mensajes sociales, se desviven “por dar lo mejor a sus hijos” y descuidan su salud. Posteriormente, en el futuro, el rol se invertirá, porque aquel que cuida, como nunca se cuidó, ahora requiere ser cuidado. El que fue cuidado, como nunca se cuidó, porque nunca se le enseño a ello, ahora requiere cuidar a otro y dentro de ello implica que comenzar hacer lo mismo que hacían sus padres, descuidarse. Cuidar a sus padres, cuidar a sus hijos (en el caso de que tengan), cuidar a otros familiares. La constante de esta narración es el descuido, y la no responsabilidad de cada individuo para su propia vida. Así es la cadena del descuido.


Si todos aprendiéramos a cuidarnos desde pequeños y a enseñar el autocuidado, la vida la viviríamos de una manera diferente.

En mi pensamiento, si todos aprendiéramos a cuidarnos desde pequeños y a enseñar el autocuidado (hablo de un verdadero autocuidado), la vida la viviríamos de una manera diferente. De hecho, con todo lo planteado, esa es mi intención, motivar para que comencemos a trabajar sobre estos temas. Lo que manifiesto, desde lo que mi visión me da, y lo que propongo, hasta donde mis capacidad me permite hacerlo, es con la intención de ir generando un camino nuevo, por lo tanto, todo lo que digo es debatible y muy probablemente contrargumentable. Mi intención solo es aportar porque de lo único seguro es que necesitamos transformar la forma en que vivimos la salud con urgencia y ojala que pronto lo hagamos.

(5/5)


Aldo Muñoz

Psicoterapeuta

aldo@aldomunoz.com



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