• Aldo Muñoz Castro

Juicios y clasismo - 2a. Parte

Hace un par de meses el diputado electo Pedro César Carrizales Becerra, alias “el Miji”, fue tema de discusión a nivel nacional. Circularon fotos de él rodeado de jóvenes tatuados y con lentes oscuros, personas de, como se dice, “no buena pinta”. Se daba a entender que, el diputado electo, era miembro de una banda. Lo que no se dijo es que esas fotos no eran actuales y tampoco se habló del resto de su historia. Un hombre que a partir de la muerte de su madre decidió cambiar su vida, se ha dedicado a ayudar a jóvenes y a ser mediador en conflictos entre pandillas, es lo que se nos ha mostrado como el otro lado de la moneda en esta historia.



Algunas voces saltaron con un discurso donde externaban lo lamentable que es juzgar alguien por su apariencia, es la clásica consigna que dicta que “no es bueno juzgar a la gente”. Lo que no pudieron notar, es que lo hacían con un tono de regaño social, que manifiesta una postura de superioridad moral respecto a los demás. Este discurso que emana desde lo “políticamente correcto”, que es una doble cara que se encarga de, por un lado, señalar lo que no es bien visto en la actualidad social, de acuerdo, a los nuevos “ideales sociales”; y por el otro, hace ciego al juez, porque no hace consciencia de que cae en lo que critica. Para que puedan acercarse mejor al tema les invito a leer los artículos donde hablo de la Doble Moral y la Nueva Doble Moral.


Lo políticamente correcto, es la cúspide de la incongruencia humana; esa que sigue negando nuestra naturaleza y nos exige ser serenos, centrados, conscientes, maduros, en control de nuestras emociones. Provoca que estemos perdidos en el curso de nuestra vida y existencia como humanidad, porque nos enseña, o exige, a ser de una manera, pero la parte instintiva y emocional nos muestra que hay algo más fuerte que nos mueve y repercute en nuestro comportamiento. Es un caos. Por lo tanto, la reprimenda social que se viralizó, manifestada desde el tabique de “la nueva doble moral”, es muy cuestionable por el simple hecho de que “todos juzgamos”. Lo hacemos porque como ya lo he planteado, los juicios son parte de nuestra vida. Fue aquí cuando comenzó a emerger la palabra que durante una semana estuvo de moda: clasismo.

Todos somos propensos a hacerlo, es decir, no es necesario cuantificar cuanto dinero se tiene en comparación al otro.

El clasismo es entendido como una actitud de desprecio hacia quienes se consideran inferiores a uno, con base en la óptica le da valor a un individuo por la clase social en la que se encuentra. Regularmente se acusa a los de “clase alta” de hacer esto, entendiendo la clase alta como personas que tienen mayores recursos económicos, los ricos. Sin embargo, en lo que veo del mundo, todos somos propensos a hacerlo, es decir, no es necesario cuantificar cuanto dinero se tiene en comparación al otro. Dos personas viajando en metrobus, por ejemplo, pueden replicar el fenómeno. Solo se requiere que uno “se sienta” superior al otro, lo cual es pura subjetividad, pues es posible que el otro haga lo mismo, creer que, quien está por arriba, es él. Así de cómicas son las cosas.

Todos pisamos el mismo suelo.

Quienes se identifican como ricos o pobres, son personas que se están autocolocando en un lugar que quien sabe si verdaderamente se encuentran ahí o realmente pertenezcan a él. Es como la frase que se lee en muros, ese grito social que dice “somos los de arriba y vamos por los de abajo”. Necesitamos ir rompiendo con estas ideas, seamos realistas, yo nunca he visto a alguien que este por arriba de otra persona a menos que se monte literalmente encima, se encuentre un piso arriba, o este volando. Todos pisamos el mismo suelo. Al decir esto no niego las diferencias sociales y económicas (y la marginación que muchas personas viven por desgracia), pero si busco romper con una visión lineal del mundo (los de arriba y los de abajo) e invitarles a comenzar a ver la circularidad, como los psicólogos relacionales nos han enseñado muy sabiamente: ver sistémicamente.


En efecto, el clasismo tiene que ver con esta distinción basada en el estrato social al que se pertenece, pero el sistema se autoregula. El clasismo no solo se da del rico al pobre, también del pobre al rico. Las voces que regañaron a la sociedad por ser clasista, en su actuar estaba su pecado. Surge del antaño cuento que enaltece la “pobreza” como una virtud. Da una moralidad y humanidad superior a quienes aceptan y se identifican como “pobres”, con respecto a quienes tienen dinero. Aquí es cuando los “pobres” se ponen por arriba de los “ricos”. Nuevamente lo aclaro, con esto que externo, no niego, ni pretendo ignorar, la relación dinero-poder, ello ha sido la puerta para la sumisión de naciones y continentes enteros.


Para comprender mejor a que me refiero necesitamos entender que es un juicio. Se originan en la infancia, tienen que ver con nuestra educación. Yo los describo de esta manera: Cuando somos pequeños, somos como pingüinitos al comer, tragamos lo que se nos dice. Con esta información con la que nos decodifican nuestros padres, se nos da una base para poder integrarnos al mundo. Es una guía valiosa, pero solamente es eso, por desgracia esto no se nos dice. Lo ideal, sería que se no enseñara a ir construyendo nuestro mundo con base en lo que decidimos seguir por convicción propia y no por imposición familiar-social. Al ser esta información procedente de nuestros padres, cuenta con matices particulares.


De acuerdo con la historia de vida de mis padres, que precede de sus padres, y a su vez, de los padres de sus padres, será la historia con la que yo me configure. Si a ellos se les enseñó un discurso de odio contra los judíos o los afroamericanos, esas ideas se quedarán en ellos y serán ejes rectores de su vida. En consecuencia, yo aprenderé esas mismas ideas y con ellas me guiaré en mi vida. En lo cual, si lo reflexionamos, no existe un fundamento real, sólido, ni científico de mis ideas en contra de estas poblaciones. Son sustentos originados desde la mera y pura subjetividad y de por sí el mundo es técnicamente subjetivo (la objetividad es una buena intención, pero no un hecho consumado).

Dentro de la naturalidad de los juicios es importante tomar en cuenta que estarán presentes y el diputado electo necesita entender que le toca enfrentar los juicios de las personas.

Por consecuencia, mis conductas y opiniones estarán sesgadas y, en dado caso, si se me enseño a tenerles odio, lo viviré así e incluso lo llevaré a la acción. Juicios originados desde la postura del rico o del pobre, pueden ser igual de peligrosos. Pueden conducirnos hacia acciones lascivas y lo vimos con toda esa carretada de críticas y ofensas (sin sentido) hacia el diputado electo. Ese es un punto en donde estoy absolutamente de acuerdo, no se puede tolerar acciones donde su persona, o su familia, sea puesta en riesgo. Sin embargo, dentro de la naturalidad de los juicios es importante tomar en cuenta que estarán presentes y el diputado electo necesita entender que le toca enfrentar los juicios de las personas. Parecerá injusto, pero es parte de las consecuencias de las acciones hechas en su pasado.


Sería mejor entonces, comenzar a educarnos para entender nuestros juicos y los juicios de los demás. Es un hecho, no se borran, están presentes en nosotros, pero podemos aprender a reconocerlos y a cuestionarnos sus fundamentos con la finalidad de poder respetar a otros y abrir nuestra visión al resto del mundo y mundos con los cuales tenemos contacto. Por esta razón es que cuestiono fuertemente toda la ola de gente que se pasó regañando a quienes, porque manifestaron sus propios juicios, técnicamente, como ya lo externé, terminaron haciendo lo mismo que criticaban. Sería mejor dialogar en lugar de enjuiciarnos mutuamente. Donde si es necesario frenar esos juicios es cuando ya se aproximen a acciones que vulneren a una persona o población.


Los juicios existen, la consigna de “es malo juzgar”, es irreal porque los juicios son lo que, en el mundo de la psicología se llaman “pensamientos automáticos”. Pedir que no se haga la acción, no sirve de nada, ello solo propicia que se queden en nosotros escondidos, alimentándose y operando desde las sombras. Es mejor aceptar su presencia, hablarlos abiertamente para que puedan ser observados, conocidos, entendidos en su fundamento y cuestionados, y tener la posibilidad de que vayan perdiendo fuerza. En lugar de regañar les invito a hablar y tolerar, ello daría pauta para que todos pudiéramos vivir en una mayor paz.


Si se se preguntan si fui a mi análisis. Hoy entiendo que ese es un hecho que aisaldo no siempre mis juicios van a ser acertados, procuro prestarles atención y cuestionarme que dicen.


Aldo Muñoz

Psicoterapeuta

aldo@aldomunoz.com

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