• Aldo Muñoz Castro

La Navidad

Con el paso de los años es común sentir que la navidad no se vive igual que como se vivía de pequeños. Por una parte, esto tiene que ver con la experiencia mágica-placentera que a los niños les construimos entorno a esta época y ello no significa que sea conveniente del todo. Insisto mucho en este punto, crear una infancia envuelta en la fantasía y alejada del dolor, provoca con el paso del tiempo dificultades en las personas debido a que, exactamente, no saben como lidiar con el recuerdo de esa infancia “súper bonita y mágica”, contrastada con la vida real.



Seguimos creyendo que lo más adecuado es evitarle a los niños el dolor, es un grave error. El negarle que la vida también duele, implica segarles su experiencia del mundo y romper con la posibilidad de entenderlo y dejarlos sin recursos para hacerle frente. De hecho, una de las cosas que le pone el toque mágico que tiene la navidad, no procedo de algún conjuro o polvo mágico, su origen es de algo muy real. Algo como la tristeza, que nos han enseñado que es mala o que no es buena sentirla, es lo que le da ese matiz que erróneamente hemos creído que es magia o, más bien, esa es la verdadera mágica


Crear una infancia envuelta en la fantasía y alejada del dolor, provoca con el paso del tiempo dificultades.

Una vez más diré lo que he dicho en videos: de la tristeza nace la belleza. La navidad al ser una época que se da en un periodo climático específico, el invierno, donde el frío impera, nos conduce más o nos acerca más a esta emoción. También, la tristeza se potencia en esta época por la mano del hombre. Al ser un periodo de tiempo donde se ha consignado la cercanía con la familia, la convivencia, la armonía, etc.; todo lo que no esta dentro de estos estándares, produce en nosotros tristeza y decepción.


Si ustedes viven con especial malestar la navidad, no tiene que ver con que esas épocas sean necesariamente tristes para ustedes o sean así por la ausencia de sus seres queridos que no han podido superar (que por cierto no se trata del “superar”). Más bien tiene que ver con que en ustedes hay tristeza pendiente, porque el mundo no nos educa, y ahora más que nunca estoy totalmente convencido de esto, a hacer frente a nuestras emociones desagradables. Por lo tanto, si nuestras heridas emocionales nunca han recibido una adecuada atención, junto a que, no aprendimos a que la vida también duele, es en “épocas especiales” cuando sentimos con mayor fuerza estas carencias.


La navidad al ser una época que se da en un periodo climático específico, el invierno, donde el frío impera, nos conduce más o nos acerca más a esta emoción.

Todo momento de nuestra vida puede ser especial cuando nosotros somos capaces de concientizar la presencia de la muerte en la vida, y la muerte es triste. A lo que me refiero con esto, es que si nosotros asimilamos que lo que vivimos y compartimos puede ser lo último que podamos compartir con alguien; sin que esto caiga en una ideación obsesiva sobre ello, más bien, en una aceptación de que la vida así es. Entonces, estaríamos ante la posibilidad de iluminar con una gran intensidad y poder, cada instante que vivamos con las personas, las valoraríamos de otra manera y renunciaríamos a peleamos que a veces no tiene más sentido cuando entendemos que hay cosas más importantes.


Mi deseo para ustedes es que, quizá al leer estas líneas, puedan vivir sus navidades con otra óptica, que redescubran el poder que tiene la vida, aunque tenga matices desagradables, que tengan la posibilidad de aprender a integrarlos y acompañarse con ellos. Ligado a esto, les invito a entender que no se requiere una época en específico, se pueden tener más momentos así y que no solo sucede en la niñez. Cada espacio y periodo de nuestras vida nos regala esa oportunidad, obviamente no es fácil lograrlo, lo que implica que requerimos trabajar con nosotros y sobre lo que necesitamos.


Vivir sus navidades con otra óptica, que redescubran el poder que tiene la vida, aunque tenga matices desagradables, que tengan la posibilidad de aprender a integrarlos y acompañarse con ellos.

Les deseo que tengan una navidad diferente, donde puedan asimilar lo que duele, hacer algo con ello y abrirse la puerta a descubrir de otra manera la felicidad, y eso para mí, significaría una verdadera navidad.


Aldo Muñoz

Psicoterapeuta

aldo@aldomunoz.com

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