• Aldo Muñoz Castro

El "hombre” que las madres esperan que sean sus hijos



En este mes celebramos a las mamás una vez más. La concepción de la maternidad y la paternidad está viviendo una fuerte transformación, como el planeta mismo, que está siendo un punto de ruptura en la forma en que crecen los hijos y en la forma en que serán hombre y mujeres. Las expectativas siguen existiendo, como siempre han existido, pero las ideas se comienzan a mover hacia nuevos ideales.


En particular, hablando sobre la maternidad, la búsqueda de una nueva forma de ser mujer, en el mundo actual, está impactando en un punto que, por desgracia, es poco visible: los hombres. El momento es de las mujeres y la voz la están alzando de muchas formas, es imparable lo que está sucediendo, era necesario. Las mujeres, madres o no, están moviendo la manera en que los hombres somos hombres. Sin embargo, esta relación no se nota porque se ven como cosas separadas, debido a que el hombre sigue siendo visto como el agresor, como el problema, como el único responsable.


La crisis de la pareja, de la familia, de la masculinidad y, por ende, de la paternidad, está suscitando la crianza de hijos con la ausencia del padre. La mamá se hace cargo, porque la cultura dice que ella está más capacitada, o es más adecuada para cuidar al hijo. Considero que es parte de lo que ha fomentado la ausencia paterna que deriva en más ausencia. En consecuencia, las mujeres buscan educar a sus hijos con base a lo que no quieren que sean, procurando hijos distintos del padre, de ese hombre que no cumplió.


Las madres de ahora esperan que sus hijos sean diferentes a los hombres del presente. No quieren machos. Desean criar a hombres respetuosos, fieles, comprensivos, atentos, amorosos, etc. Hombres capaces de ver a las mujeres como individuos autónomos y capaces de respetar el espacio que están peleando. Todo se dirige hacia el hombre, porque, como ya dije, el hombre es el problema, es el que no quiere entender, el que sigue siendo lo mismo, el que no desea cambiar. El problema es que “el hombre es hombre”. Visión que para mí solo justifica y retroalimenta el machismo, evitando que termine de morir, y hace más grande la brecha entre hombres y mujeres.


Por esta perspectiva se deja de ver a la mujer que elige a ese hombre que sigue siendo “lo mismo” y procrea con él. Mi intención no es culpar a las mujeres, porque sería caer en el mismo discurso machista y, en ello, sería dejar de ver la grave crisis del hombre, de la que ya he hablado antes. Lo que si deseo, en este artículo, es resaltar que las mujeres son participes del fenómeno, como todos los somos. Cuando vemos esta perspectiva, podemos hacer más para modificar, mejorar, cambiar y transformar las cosas.


Tanto hombres y mujeres están viviendo una crisis respecto a sus identidades. Sin embargo, van hacia planos distintos. La crisis de la femineidad está llevando hacia las mujeres en una lucha por poder ser y vivirse libres. Por desgracia, la crisis del hombre, está en un punto donde la masculinidad está más perdida que nunca, porque al hombre se le ha dejado de ver, no se le ayuda a construirse, ni a encontrase. Ser visto como “el culpable” solo provoca señalamientos, regaños y castigos. No se le ayuda al hombre a “readaptarse” solo se le condena. Tomar esta postura solo provoca más problemas para encontrar un espacio armónico entre los hombres y las mujeres.


Ante la ausencia de su pareja, del padre de su hijo, la mujer asume su maternidad buscando cubrir la falta del que no quiso estar o no pudo estar, lo cual no es real, no se puede ser padre y madre. Cuando hablo del hombre que no pudo estar, es el hombre que realmente no es capaz de ser padre porque el que tuvo tampoco lo fue para él o porque simplemente no lo tuvo. ¿Cómo aprender ser padre ante una forma tan deficiente de paternidad? Como ser padre si su padre no estaba porque se fue y solo aparecía esporádicamente o porque trabajaba todo el tiempo. Si estaba, solo se hacía presente para juzgar y castigar. No enseñaba y solo exigía, solo golpeaba y dominaba. No había cariño, amor, ni comprensión, porque no había tiempo para eso, porque la vida era (es) dura y había (hay) que ser fuertes.


Al hombre se la ha ido incapacitando socialmente, emocionalmente y culturalmente como consecuencia de la demanda de “ser hombre”, que es responsabilidad tanto de hombres, como de mujeres. Demanda que las generaciones anteriores de madres (y padres), inculcaron en sus hijos: El hombre que tiene que ser hombre y no sentir, más bien, aguantar; el hombre que no se involucra como padre porque, como es hombre, no puede y no hay que perder tiempo enseñándole, él solo sabe dirigir y mandar; el hombre que no siente porque eso no es de hombres.


La maternidad inicia con la presencia del hijo dentro de la mujer, es una sensibilidad absolutamente diferente porque se crea desde el adentro. La propia mujer, enseña a la hija o a la nuera a través del nuevo ser a ser madre. Sin embargo, la paternidad no tiene eso, hay que entenderlo, se nos ha dado, hasta cierto grado, la posibilidad de estar ausentes porque “debemos proveer” o porque los hombres “no sabemos de eso”. Sería importante que se nos enseñara a acercarnos a los hijos desde que están en el vientre de la madre, de nuestra pareja. Me atrevo a decir, que las mujeres son las primeras que nos ven incapaces de cuidar al hijo, es decir, incapaces de ser padres. Desde ahí se nos comienza a justificar nuestra ausencia. Por lo tanto, esto es responsabilidad no solo de los hombres, sino, de todos.


Curiosamente, desde hace un par de años tengo un artículo pendiente que se llama “El padre idiotizado”. Hablo sobre estas figuras paternas televisivas que muestran al padre incapaz, inoperante, deficiente, “idiota”, etc. El hombre que más que ser padre, parece un hijo más. Es la extrapolación del “padre que se idealizo”, ese hombre sabio, que todo podía resolver, sin miedo y fuerte. Realmente el padre es un hombre que simplemente es un ser humano que no siempre sabrá que hacer, que decidir, que no tiene todas las respuestas y que no sabe ser padre porque no hay un manual para serlo.


Igualmente no hay un manual para ser madre. Por lo tanto, tanto la paternidad y maternidad que tenemos, es necesario cuestionarla porque está produciendo a los hombres que ya no queremos. Por tal motivo, para mí es muy importante hacer visible cómo las mujeres aportan a la problemática porque, como dije líneas arriba, finalmente las mujeres que son madres solteras están procreando con ese hombre carente. Algo hay en ellas también que es necesario entenderlo para romper con esta dinámica. Comprendo que no es fácil, pero ya se requiere hacer. Así mismo, hay que cuestionarlo en las parejas que unidas crían a sus hijos, para detectar el cómo se fomentan los patrones que ya no deseamos.


Reflexionémoslo un poco. ¿Qué sucede con esa madre soltera que eligió la misma forma de hombre que ya no queremos? Fue porque es las mujeres que se cosificó, porque hoy en día veo miles de cuentas de Instagram de mujeres que “en su libertad de vivir y mostrar su cuerpo”, se despojan de su ser y se convierten en ventanas para ser “admiradas como objetos”, pero no respetadas como personas. Tienen millones de seguidores que las alaban y les envían mensajes degradantes, todo por obtener likes. ¿Es malo mostrar el cuerpo bonito?, mi respuestas es no.

La pregunta es si es necesario hacerlo visible a todo público. ¿Con qué fin se hace? Negocio, autoestima, competencia, etc. Es importante pensarlo.

Quizá fue la mujer que sigue buscando al proveedor porque le dijeron que tenía que buscar a un hombre con una “estabilidad económica”, que “tuviera algo que ofrecerle”. Ser estable económicamente, ser generador de dinero, no es sinónimo de ser un hombre emocionalmente capaz de construir una relación de pareja y de dar amor. Hay hombres muy capaces económicamente, pero muy pobres emocionalmente. Seguimos estableciendo como estándares de éxito cosas como el dinero y las posesiones.


¿Es factible que esa mujer eligiera a este hombre por ese ideal fantasioso del amor? Hay que reconocer que es el afecto lo que en muchos momentos nos lleva procrear, junto con nuestra sexualidad no concientizada y responsabilizada. Con mis palabras, no busco criticar que nuestros vínculos humanos se muevan con base en nuestra necesidad de afecto, porque el afecto es algo que todos buscamos, aunque lo neguemos. Todo buscamos el amor y es válido, sin embargo, el amor como nos han dicho que debe ser, es algo que también necesitamos cuestionar muy fuertemente. Por desgracia seguimos persiguiendo ese ideal que nos enseñaron.


Una vez más lo repito, mi fin no es criticar a las mujeres. Busco invitar hacia una visión más amplia de lo que nos pasa en la dinámica de hombres y mujeres. Por lo tanto, invito a cuestionarnos desde ambos lados de forma sincera. Notar que tantos hombres como mujeres estamos generando esta brecha cada vez más amplia. A las mujeres, les invito a reflexionar sobre el hombre que, como madres, esperan que sus hijos sean, porque como sociedad seguimos sosteniendo el patrón no deseado. Me queda claro que este problema es de todos sin excepción.


AUTOR

Psic. Aldo Muñoz

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