• Aldo Muñoz Castro

Hacia una nueva visión de la salud. (Parte 3/5)

Actualizado: 19 jul 2018


Con base en todo este planteamiento, ¿qué es lo que necesitamos hacer para cambiar la forma en que vivimos la salud? En primer lugar es necesario comenzar a ver la salud de otra manera. La ciencia al buscar el ideal de la objetividad, ha centrado su atención en los fenómenos del mundo seccionando sus partes y aislándolas con el fin de entenderlas. No es malo, como lo veo ha sido un paso natural y necesario. Sin embargo, es también necesario comenzar a ver el mundo más en “totalidad”, a la par que vemos sus partes. Observar la interconexión entre los aspectos físicos y los aspectos mentales-emocionales que repercuten en la salud del individuo es una de las claves.


No existe un “emocionómetro” que nos permita medir las emociones y reconocer la intensidad y el impacto que tienen en un individuo.

De lo que hablo implica el deconstruir y reconstruir ideas. De nuevo resalto la necesidad de ver que lo físico y lo mental-emocional tienen una profunda interconexión. Aún no se entiende debido a que la psicología está abordando objetos de estudio que no vemos completamente, son poco tangibles, percibimos sus manifestaciones externas. Lo digo frecuentemente para ilustrarlo mejor, no existe un “emocionómetro” que nos permita medir las emociones y reconocer la intensidad y el impacto que tienen en un individuo. Estamos en el centro de la mina de la subjetividad, ese es nuestro reto. Pienso que, en parte, la luz nos la brindaran las neurociencias; pero de nuevo, es importante no perdernos en la fragmentación de los objetos de estudio y la invitación es a ver también que, a fin de cuentas, las partes forman un todo.


Nuestros antecedentes de propensiones a enfermedades por herencia se relacionan a una historia de vida que refleja una historia que procede de generaciones atrás y que también nos habla de una historia emocional familiar.

Nuestros antecedentes de propensiones a enfermedades por herencia se relacionan a una historia de vida que refleja una historia que procede de generaciones atrás y que también nos habla de una historia emocional familiar. Ideas específicas, que manifiestan una forma de ver y vivir la vida dentro de una familia, son producto de mandatos construidos a través de la historia familiar generacional y pueden derivar en acciones como un descuido de la salud porque “el bisabuelo decía que de algo te vas a morir y hay que disfrutar la vida”.


El alcoholismo de una persona tiene que ver no solo con factores genéticos. Por ejemplo, es posible que refleje una historia familiar de alcoholismo manifestada en los hombres y de una historia familiar relacionada con la tristeza, y por tanto, con la depresión. Hablamos de algo que ha sido vivido a través de los años por sus miembros. Quizá las mujeres de esta familia no tienen dificultades con su consumo de alcohol, pero la reproducción del patrón aprendido familiarmente las lleva a elegir parejas con características similares, al igual que los hombres elegirán mujeres que acepten su alcoholismo. Se forman familias que tienen hijos que traen todo una carga y propensión a algo en específico, tanto genéticamente, como mentalmente, como emocionalmente. Nada de esto es casualidad y aún es más complejo.


Esta propensión al alcoholismo que fomenta una conducta adictiva, que tiene relación con la tristeza, que deriva en otra enfermedad que es la depresión, termina afectando en otras formas la vida del individuo. El individuo alcohólico, que sigue un patrón de vida no benéfico, desarrolla por su conducta conflictos con su entorno. La gente, incluyendo su familia, se aleja de él y comienza a experimentar soledad que lo lleva a aislarse y refugiarse más en su adicción. El daño orgánico por el abuso del alcohol ocasiona otras enfermedades como la cirrosis. El análisis puede ser aún más profundo.


En parte su conducta adictiva y su poco cuidado de su cuerpo, y por ende de su salud física, tiene que ver con su dinámica de vida. De forma inconsciente el entorno familiar fomenta su adicción y el descuido de su salud física. A pesar de que se puedan quejar por su alcoholismo, lo invitan a fiestas, lo cuidan cuando esta alcoholizado, le ayudan a “curar” su resaca y si enferma lo llevan al médico. Esto sucede porque el individuo alcohólico cumple con una misión dentro de la familia. Su alcoholismo permite que los demás miembros no vean sus propias dificultades de vida y carencias emocionales porque su conducta adictiva, es decir, su problema, destaca por encima de los demás y focaliza la atención. Cuando su salud se agrava, y si logra detener su adicción, otro miembro de la familia comenzará a ocupar su lugar y el patrón se reproduce.


Con el ejemplo anterior, puedo manifestar la importancia de entender como la salud es algo dinámico. Va desde lo genético, pasando por lo mental y lo emocional. Para mí es importante comenzar a ver una historia de salud que contemple todo los aspectos del individuo y que tome en cuenta su entorno actual. Si los padres tuvieran este conocimiento y conciencia de estos factores, podrían tomar acciones que ayudaran a sus hijos a enfrentar su vida, hablo de lo que para mí sería la verdadera prevención de la salud.


Entre la salud y la enfermedad existe toda una gama de formas en las cuales nuestro estado físico y mental-emocional fluctúa.

La salud es dinámica y no solo porque se interconecta, es dinámica porque cambia. Se tiene la idea errónea de que, como ya exprese, sino hay dolor que refleje la presencia de signos y síntomas, no hay enfermedad. Es como si estuviéramos entre dos polos, salud y enfermedad, es errónea la visión. Es más práctico imaginar que entre el blanco y el negro existen escalas de grises. Entre la salud y la enfermedad existe toda una gama de formas en las cuales nuestro estado físico y mental-emocional fluctúa. El diagnóstico, por lo tanto, es un recurso para confirmar cosas que están en nuestra responsabilidad estar al tanto.


Si comprendemos esto, podemos ver que tenemos presente, a la par, tanto conductas saludables, como conductas no saludables en nosotros. Es decir, hay personas que pueden levantarse temprano para ir al gimnasio, pero fuman con frecuencia. Hay personas que padecen del corazón, sin embargo, sus demás órganos están en buenas condiciones. Por eso la sutileza del cómo se puede ir degradando nuestra salud, porque nuestro organismo al ser una máquina perfecta, tiene la capacidad de compensar los puntos en donde es más vulnerable. Lo ideal sería mantener y buscar un equilibrio orgánico y mental emocional y, entre estos dos rostros de la salud.


La salud como algo dinámico se merma (acercándose o llegando a la enfermedad) y se recupera. Se transforma con el paso del tiempo y la edad, cambia en periodos específicos por condiciones particulares. Un individuo en la etapa de la vejez erróneamente se le tiende a ver como enfermo. Por un lado debido a que se cree que el ser joven es ser saludable, junto al hecho de que, al no cuidar nuestra salud a lo largo de la vida, pagamos la factura tarde o temprano y regularmente es en las últimas etapas de nuestra existencia. Sin embargo, claro que es posible de personas saludables y plenas en la etapa de la vejez.


La juventud no es sinónimo de salud, muchas de las conductas que vemos en los años de madurez de las personas, como el alcoholismo, diabetes, hipertensión; son el resultado de conductas no saludables que iniciaron desde la juventud.

La juventud no es sinónimo de salud, muchas de las conductas que vemos en los años de madurez de las personas, como el alcoholismo, diabetes, hipertensión; son el resultado de conductas no saludables que iniciaron desde la juventud. Es decir, un joven puede mostrar una buena salud física, sin embargo, en su salud mental y emocional puede tener conductas no benéficas que, como hemos hablado, no se ven a primera vista porque se justifican con ideas como “déjalo es que esta joven”. Se ocultan de esta forma los orígenes de coas como una adicción, por seguir el ejemplo que he manejado. Tomar alcohol sin un límite, esa falta de un límite físico, es el reflejo de la carencia de límites mentales y emocionales.


El dolor, en este contexto, al prestarle la atención que requiere se vuelve una herramienta muy importante para identificar posibles riesgos a nuestra salud. Aprender a vivir con el dolor nos puede ayudar a detectar a tiempo una posible lesión de rodilla y evitar que se vuelva crónica; así como para saber que algo en mi mundo interno no está bien porque cada vez que termino una relación de pareja caigo en un profundo malestar. Si entendemos que la salud es dinámica entenderemos que el dolor es nuestro mejor aliado para cuidarla y saber, en el momento, que es lo que necesitamos atender con mayor urgencia, porque la idea es siempre estar al tanto de toda nuestra salud en la medida de lo posible.


El diagnóstico es la cúspide de algo que se ignoró y que siempre estuvo ahí. El médico no hace nada mágico solo le pone un nombre a lo que siempre estuvo.

El tema del dolor es algo fundamental para tener esta nueva visión de la salud. La vida duele, así como, la vida también es placentera. Entender que la vida no se trata de evitar el dolor o mitigarlo, sino aprender a guiarnos con él para realmente reconocer si nuestras acciones nos encaminan a seguir vivos o nos acercan a la muerte. Como hoy vivimos el dolor, para mí, es la versión más lastimosa y desagradable debido a que traemos un cúmulo de dolores que solo les prestamos atención cuando ya es mucho (cuando ya no podemos ignorarlo) y cuando ya tenemos un profundo daño, no de un día, sino de años. Similar a lo que empieza con un dolor en la planta del pie que, al paso de los años y la desatención, deriva en fascitis plantar. El diagnóstico es la cúspide de algo que se ignoró y que siempre estuvo ahí. El médico no hace nada mágico solo le pone un nombre a lo que siempre estuvo.


Dentro de esta nueva visión de la salud, se requiere comenzar a generar conductas de higiene, como la que ya existen para la salud física, pero para la salud mental-emocional, y a la vez, pautas globales de salud. Para mí, la primera pauta de salud global es aprender a vivir y prestar la atención que amerita el dolor físico y mental-emocional. Dentro de las conductas de higiene mental-emocional, la primera sería permitir la vivencia y expresión de las emociones. Son solo ideas que propongo, pero de verdad requerimos trabajar sobre estas pautas de salud y estas conductas de higiene mental-emocional.


(3/5)


Aldo Muñoz

Psicoterapeuta

aldo@aldomunoz.com



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